Yoga para todos ¿por qué no hay clases para principiantes?

Colaboración de Mariana Martínez Esténs

Sostenerse en la quietud requiere fuerza, concentración y voluntad, además de una alineación esquelética que se va logrando poco a poco. La atención a la respiración y el aquietar los pensamientos no son algo que se acumula sino una práctica a la que todos tenemos acceso. Es por eso que en práctica de yoga evitamos separar a los practicantes por niveles para evitar la ilusión de “avanzar” que alimenta el ego y evita retarnos.

Aunque la práctica tiene un camino y con el tiempo va a mejorar tu calidad de postura, fuerza, equilibrio y concentración, la práctica está encaminada a una conciencia constante del aquí y el ahora, a un diálogo entre la respiración y el movimiento. No es un camino lineal a ninguna parte.

Nos basamos en la premisa de que cada día es nuevo y como tal nosotros. Un día podemos tener una práctica superando miedos y resistencias y al día siguiente sorprendernos al descubrirnos sin equilibrio o poco flexibles. Todos los practicantes sin importar los años tenemos posturas favoritas y otras con las que nos enfrentamos con limitación o incluso no hemos podido dominar. La práctica es entonces movernos desde ahí.

En la clase se dan opciones precisamente para dar cabida a esas posibilidades que varían de día a día, se invita en cambio a trabajar desde los límites de cada quién en cada momento y crear una práctica grupal más parecida a lo que nos enfrentamos en la vida diaria: una práctica en la que interactuamos personas con distinto nivel de fluidez y de conciencia para juntos aprender y retarnos.

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